Los Falsificadores: Una historia pequeña dentro de una grande

Por JorgeS | Comentarios ( 0 ) | Trackbacks ( 0 )

779594 A principios de año nos rasgábamos las vestiduras al conocer las películas que la academia norteamericana pre-seleccionaba para la categoría de Mejor Película de Habla Extranjera en los Oscar. El Orfanato se quedaba fuera. Y, dejando de lado el orgullo patrio, lo más sangrante era la no elección de películas de moda en Europa (Cuatro Meses, Tres Semanas y Dos Días, Persépolis) o con críticas unánimes a su favor (XXY, Al Otro Lado). Cegados por la indignación, se obvió la calidad de las designadas; entre ellas, la que a la postre sería la galardonada, Los Falsificadores.

La película se centra en la actividad de un falsificador de la primera mitad del siglo XX en Europa, Salomon Sorowitsch. Judío en la Alemania nazi, Sorowitsch es arrestado y acaba en el campo de concentración de Sachsenhausen. Allí, junto a un equipo de especialistas técnicos también judíos, será el encargado de financiar la guerra de los nazis desde los barracones; en la llamada Operación Bernhard, el mayor intento de falsificación de moneda de la historia, será obligado a dirigir la copia de la libra esterlina, primero, y del dólar después.

Lo mejor de Los Falsificadores es, sin duda, la originalidad del punto de vista desde el que cuenta una historia real trillada como pocas: el holocausto judío. El hecho de que la cinta esté basada en la novela The Devil’s Workshop de Adolf Burger (al que podemos ver en la película) permite al director del film, Stefan Ruzowitzki, tomarse el libro como coartada para huir de los lugares comunes. Lejos del morbo y de la fibra sensible, Ruzowitzki presenta en primer plano una historia pequeña dentro de una muy grande en segundo plano.

En la línea de no caer en el sentimentalismo fácil está la elección, tanto del protagonista real (Salomon Sorowitsch), como del que le da vida en la pantalla grande (Karl Markovics). Un falsificador, crápula bohemio al margen de la ley: un antihéroe en toda regla, un tipo duro de los del otro lado. Markovics es, en definitiva, el gran valedor de Los Falsificadores ejerciendo a la perfección el papel de hombre hecho a sí mismo, duro en los tiempos más duros.

Y ahí se encuentra otra de las grandes virtudes de la película, la de presentar a unos personajes condenados de igual manera por mucho que elijan la bolsa o la vida en una situación de locura dicotómica: negarse a colaborar y morir en el acto, o colaborar y mantener vivos a sus futuros verdugos; la prevalencia del instinto de supervivencia por encima de la situación. En ese entorno, Ruzowitzki consigue, de manera eficaz, plantear cuál es la diferencia real entre el que vive fuera de la sociedad y el que está dentro cuando la voluntad de sobrevivir en un entorno demencial es la misma para los dos.

Una buena historia, real y sincera, bien contada, y con un reparto sin fisuras desde el protagonista hasta el más secundario de los actores hace de Los Falsificadores algo más que una película de nazis y judíos. La cinta se vale del hilo histórico para confeccionar un bonito manto que merece la pena ver.

Ficha Técnica:


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